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Altruismo
En su acepción común, el término altruismo denota una cierta disposición humana en virtud de la cual los individuos actúan en favor de sus semejantes de manera desinteresada, esto es, sin la expectativa de una acción recíproca de gratificación. Este término es usado también para referirse a ciertos problemas tradicionales de la filosofía moral y política, en relación a determinadas conductas morales y sociales, justificando los principios normativos por los que se rigen. Las primeras tesis se asientan sobre las hipótesis del egoísmo, y cobran entidad propia en las obras de Hobbes y Maquiavelo, coincidiendo en las concepciones individualistas de la naturaleza humana frente a las visiones teológicas de la Edad Media.
Los comportamientos altruistas se dan donde existe un conflicto de intereses propios y ajenos y en circunstancias en las que se da una exclusión mutua de unos y otros, y es aquí donde las teorías altruistas formulan su propia versión de la naturaleza humana según la cual, el instinto de conservación se complementa en el ser humano con una tendencia igualmente natural a satisfacer los intereses y necesidades de sus semejantes, conciliando pues un impulso egoísta y un impulso altruista.
Existe también la propuesta de un principio altruista como fundamento de la razón moral, en la que se da a entender un principio de acción que sitúa en el bien general y el respeto a los intereses de los otros el fin perseguido por las leyes morales, convirtiéndose en la condición misma del discurso moral. Se ha querido ver en esta opinión un intento de instalar como paradigma de la actitud moral lo que sólo es una forma de compromiso ético entre otras (sin perjuicio de que pueda ser la más aceptable para nosotros). Sin embargo, sus partidarios la presentan como la única alternativa para delimitar la esfera de lo moral más allá de las caracterizaciones estrictamente formalistas. Probablemente sea éste el último frente en el que el debate en torno al altruismo en su acepción no común indicada al principio permanece aún abierto.
El comportamiento altruista es definido desde el ámbito de la biología y en las teorías de la evolución de Darwin (1871) como el beneficio que el individuo otorga al grupo y que marca la superioridad de una tribu sobre otra. Plantea la idea de un altruismo recíproco, según la que un indivíduo coopera con la esperanza de que el otro individuo también lo haga.
Richard Dawkins (1976) llama a los genes egoístas porque para ellos es inevitable intentar reproducirse a toda costa. De ahí el carácter egoísta del gen que busca propagarse en la población, y que la cooperación e incluso el altruismo (reales) entre individuos pueden ser explicados por el “egoísmo” (metafórico) de los genes. La conducta “egoísta” individual o la conducta “altruista” individual tiene un origen común: el egoísmo de los genes.
Elliot Sober critica las ideas de los sociobiólogos (que consideran el término “altruismo” casi como un eufemismo de egoísmo) y el “altruismo recíproco” de Trivers (1972). Para Sober, ese “altruismo recíproco” no es, en realidad, ningún tipo de altruismo porque el individuo que coopera espera una recompensa y sus acciones no son desinteresadas. Para que un comportamiento pueda ser calificado de altruista debe beneficiar a otro pero sin incrementar la eficacia biológica del que hace la acción (y se perjudica en bien de los demás). Distingue entre altruismo evolutivo y altruismo vernáculo, el primero es un comportamiento instintivo y en cambio en el segundo se refiere a la mente, y a los motivos que mueven a las personas a actuar en beneficio de los otros, de manera que si la selección natural es la ley, este altruismo vernáculo estaría al margen de la ley.
El altruismo parece seguir siendo difícil de explicar, ya que no todos los actos altruistas son de la misma índole: un padre que arriesga su vida o incluso se sacrifica para el bien de sus hijos puede ser explicado desde la biología (o sociobiología) como un acto egoísta (el padre desea que sus genes, heredados a sus hijos, perduren en la población). Pero otros actos, como el de personas entregadas al bienestar de la humanidad y que no buscan tampoco prestigio (por ejemplo, Gandhi o la madre Teresa de Calcuta) no parecen tener una explicación biológica. Quizás que lo que distingue al hombre de otros seres vivos no sea tanto la racionalidad, sino el dominio de nuestra cultura o creencias sobre nuestra naturaleza biológica.
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sangre:
Centro de Donación de Sangre de la Cruz Roja Española
Fundación Banco de Sangre y Tejidos de Baleares
Federación Nacional de Donantes de Sangre
Federación Internacional de Organizaciones de Donantes de Sangre
Hermandad Donantes de Sangre (delegaciones)
organos:
Hospital Clínic/ciudadano/donacion
Organización Nacional de Transplantes
Organització Catalana de Transplantaments
Fundació Catalana de Transplantaments
óvulos y semen:
Centro Médico Teknon (unidad de reproducción asistida)
Instituto Balear de Infertilidad Ginecología y Reproducción
Tiempo:
Emblema
Con el desarrollo de las guerras, se hizo cada vez más patente la necesidad de prestar asistencia a los soldados heridos en el campo de batalla, así como la preocupación de proteger al personal sanitario de los ejércitos que, como no se diferenciaban de los combatientes, se convertían fácilmente en objeto de ataque. Ya en el siglo XVII se encuentran antecedentes de reglamentos para la protección del personal de sanidad, pero sólo comienzan a cobrar verdadera fuerza en el siglo XIX, cuando Henry Dunant, en su libro Recuerdo de Solferino, propuso la idea de un convenio para Este convenio reconoce la inviolabilidad de la que gozan el personal, los hospitales y las ambulancias de los servicios de sanidad, y la obligación de los beligerantes de respetarlos y protegerlos; así mismo, en el convenio se adopta un signo distintivo uniforme, una CRUZ ROJA sobre fondo blanco, para identificar los servicios de sanidad y garantizar la inviolabilidad de los mismos.
En 1876, durante la Guerra de Oriente, Turquía decide utilizar como emblema, en vez de la cruz roja, una MEDIA LUNA ROJA, sobre fondo blanco; actualmente, es el signo que utilizan los países islámicos.
Los Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales autorizan el uso de los emblemas de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja como signos de protección y como signos indicativos.
En tiempo de conflicto armado, para evitar confusión con el signo utilizado con fines protectores, el signo indicativo deberá ser de pequeñas dimensiones; deberá indicar la Sociedad Nacional a la que pertenece; no podrá ser pintado en techos; no podrá utilizarse en brazaletes.
No debe ser utilizado por actores armados con el fin de proteger, camuflar u ocultar a combatientes o material de guerra, o realizar operaciones militares.
En las Conferencias de Ginebra de 1863 y 1864, se establecieron las normas que actualmente forman parte de los Convenios de Ginebra, se aprobó una cruz roja sobre fondo blanco como emblema neutral y universal. Poco después, otras connotaciones salieron a luz. En la guerra entre Rusia y Turquía de 1876-1878, el Imperio Otomano, declaró que utilizaría la media luna roja para señalar sus propias ambulancias sin dejar de respetar el signo de la cruz roja que protegía las ambulancias del enemigo. Ese uso de la media luna roja fue práctica habitual en el Imperio Otomano.
Desde entonces, la media luna roja es ampliamente utilizadaen muchos países. No se han aceptado propuestas de otrospaíses para que se aprobaran nuevos emblemas. La República Islámica de Irán dejó de utilizar el emblema del león y sol rojos en 1980, y adoptó el uso de la media luna roja.
El Protocolo III fue adoptado por votación en la Conferencia Diplomática celebrada en Ginebra, en diciembre de 2005, para el uso de un emblema adicional, el CRISTAL ROJO.
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hacia-un-tercer-emblema_-un-paso-decisivo-cruz-roja
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la-cuestion-del-emblema_un-antiguo-problema
protocolo-iii_xxviii-conferencia-internacional-de-la-cruz-roja
Cruz Roja
La idea de la Cruz Roja nació en 1859, cuando Henry Dunant, de origen suizo, se encontró en la batalla que enfrentó en Solferino (Italia) a los ejércitos del Imperio Austro-Húngaro y la alianza franco-sarda.
Dunant organizó a la población para atender a los soldados heridos y darles alimento y consuelo. Mas tarde, propuso la creación de sociedades nacionales de socorro que ayudaran a los heridos en combate y señaló el camino hacia los futuros Convenios de Ginebra.
En 1863, cinco ciudadanos ginebrinos incluido Dunant, fundaron el Comité Internacional para el Socorro de los Heridos, que se convertiría más tarde en el Comité Internacional de la Cruz Roja. Su emblema era una cruz roja sobre fondo blanco: a la inversa de la bandera suiza. Al año siguiente, 12 gobiernos adoptaron el primer Convenio de Ginebra, un hito en la historia de la humanidad, que garantiza la ayuda a los heridos y define los servicios médicos como “neutrales” en el campo de batalla.
http://www.cicr.org/
http://www.ifrc.org/
archivos PDF:
comite-internacional-de-la-cruz-roja
